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Quién podía saberlo

Al pobre gusano le asustaba sobremanera la muerte. Y más ahora, que comprendía que su fin estaba cerca. Para morir en paz construyó un lecho de seda. Adiós al mundo material: al sol, a los reflejos verdes, al rocío. Le entraba el sueño. Adiós; adiós a todo. ¿Existiría el más allá? ¿Sería verdad eso que dicen que los ángeles gusanos llevan alas? Quién lo sabía. Quién podía saberlo.

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