Si me das cinco minutos, te voy a dar un consejo que será (no te exagero) uno de los mejores que te den en tu vida.
Te cuento: a mí me gusta formarme por lo que tiene de gimnasia mental. Por regla general focalizo mi atención en algo que me guste mucho y que atrape mi atención en las últimas semanas. Luego me doy un tiempo para profundizar. Este puede variar desde semanas hasta años. Leo todo lo que pasa por mis manos. Veo vídeos en ratos muertos. Escucho podcast mientras conduzco al trabajo (que tengo una tiradita). Y, sobre todo, me gusta hablar en persona y escuchar a gente apasionada en el tema.
Sé que los saberes que atesoro pueden parecer estúpidos, inútiles, de espíritu naíf. Pero, a lo tonto, a lo tonto, sé algunas cosas de:
Ornitología. No sé a ti, pero a mí me preocupa que, por ejemplo, haya cada vez menos gorriones en nuestras ciudades.
Astronomía. Me sirve para saber que soy muy pequeñito frente al universo y que, por lógica, mis problemas también lo son.
Tipografía y diseño. Además de haber sido profesor sobre la materia, es una obsesión que acompaña durante décadas. Estoy por diseñar mi propia tipografía, una que ayude a leer más y contribuya a retener los significados. Será tan funcional y tan legible que los lectores no repararán en ella y pasará desapercibida, que es como el Barón Brummel definía la elegancia
El siglo XVIII. Me encantaría ser un caballero de esa época.
La Segunda Guerra Mundial. El inicio de toda la pesadilla que hoy vivimos.
El café. ¿Cómo no me va a gustar leer y saber sobre mi bebida preferida?
La cerveza. No voy a hacer comentarios, que os conozco.
El coaching. Pero el coaching de verdad, no el de las tazas de Mr. Wonderful. Incluso realicé un curso de experto universitario. ¿Y por qué me gusta el coaching? Para saber que no tengo que dar consejos si no me los piden. Y cuando digo no, es no, nunca, de ninguna manera, nunca, jamás.
Las estilográficas. Porque me gusta el tacto, en cómo se desliza un buen plumín sobre el papel, el olor de la tinta, la diferencia de trazos finos y gruesos, la densidad del color de las tintas, la caligrafía resultante.
Los bolígrafos Parker. Algo sencillo y vital. Llevas un parker de tecla en el bolsillo de la chaqueta y, a las malas, si te sale por la calle el monstruo de Stranger Things puedes hacerle frente.
Las máquinas de escribir antiguas. Sobre todo Underwood (la número 5) y Olivetti (la Lettera 32 y la DL).
Hay veces que necesitas un plan de formación, alguien que te guíe el camino. y de eso quería hablarte: de las microcredenciales de la Universidad Carlos III de Madrid. Puedes hacer microcredenciales con o sin experiencia universitaria previa. Tienes un catálogo interesante.
Yo que tú me apuntaba. Y a seguir formándote.