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La crisálida de Robert Leeds

El pulso le temblaba, estaba perdiendo vista y cada vez cometía más despistes. Por eso, desde hacía varios meses, Robert Leeds, tipógrafo de profesión y veterano de la Gran Guerra, presentía que su vida laboral (en la imprenta de la prestigiosa editorial Collins & Co.) estaba llegando a su fin.

Por una serie de motivos que él nunca terminaba de comprender, sus ayudantes más jóvenes siempre le guardaban las espaldas. Y eso era fantástico y estaba agradecido por ello; pero era consciente de que no podía depender, casi a diario, de la bondad de sus aprendices.

Un sentimiento nuevo

Leeds tenía un secreto: aunque su cuerpo estaba cada vez más decrépito, sentía algo parecido a la felicidad. No esperaba nada en especial de la vida y, sin embargo, sentía que algo bueno estaba a punto de suceder. A menudo, se imaginaba a sí mismo como una oruga que empezaba a tejer una crisálida.

Desde hacía algunos meses, su hijo mayor había prometido a él y a su mujer llevarles a Brighton. ¡Qué maravilla! ¡Ver el mar junto a Dorothy! Recordar tiempos de novios. Pasear juntos de la mano.

La noche antes del gran viaje, él sintió que había terminado su crisálida y durmió feliz, feliz y feliz.

Publicado en Microrrelatos

4 comentarios

  1. Ana Lectora

    Me conmovió la dignidad del personaje frente al declive físico. Una reflexión profunda sobre el trabajo y la memoria.

  2. Lector Crítico

    Una obra poderosa sobre la resistencia humana. La crisálida como metáfora del cambio forzado por el tiempo.

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